Uno para La Red, para el monopolio cero
A veces me río de las cosas atoradas que pasan donde estoy, estaba dándole vueltas a un asunto poco agradable: trabajar, y me preguntaba cosas como para qué necesito un número de teléfono, una máquina de fax, un domicilio permanente, una cuenta en el banco, y peor aún, la disposición de ir y cotorrear con un montón de gente, que de otro modo no sería amistad mía.
En fin, las obligaciones hay que cumplirlas por definición. Y aunque no hay nada de malo en el trabajo, sí mucho en cómo es que se practica. Por ejemplo, el conocido caso de telefonía en México, que siendo sólo una, la compañía particular cuya oferta de líneas de teléfono fijas debe ser, yo calculo, por ahí del 90% de la del mercado; todos quieren llamarte por teléfono y depositarle algunos centavos y pesitos al sabido dueño, igual todos se quejan porque nuestra economía es un desmadre.
Se me ocurre que juguemos una treta al monopolio y a las maneras de la sociedad y su cultura; qué tal si dejamos de pagar llamadas y optamos por medios de comunicación no tan explotados, en La Red cuesta casi lo mismo mandar un correo que hacerlo cien veces, y qué decir sobre la oportunidad de entrar a la mismita red desde cualquier conexión en mundo. Gente, evada el monopolio.